Katyn (2007) __de Andrzej Wajda

viernes, 30 de abril de 2010

Sobrecogedora película del maestro polaco Andrezej Wajda con la que ha querido sellar su amplia y significativa filmografía. Este testamento fílmico trata del genocidio de Katyn perpetrado por el comunismo soviético en 1940 y que afectó personalmente al director ya que su padre era uno de los 20.000 oficiales y ciudadanos polacos asesinados. 
Narrada desde la perspectiva de los supervivientes, especialmente mujeres, es un himno a la reconciliación desde la memoria que busca la verdad. La fe católica se muestra con intensidad en distintos momentos pero de forma más contundente en los últimos minutos. Así el último plano es un icono que no conviene olvidar y menos enterrar. Lástima que, también en este caso, el público se mueva más por la publicidad manipuladora que por la elección del buen cine.
Prof. Peio Sánchez
Departamento de Cine
Arzobispado de Barcelona

(tomado de: "Las diez mejores películas del cine espiritual del 2009" en http://www.ciudadredonda.org/)

LAS ENTRAÑAS DE DIOS

miércoles, 28 de abril de 2010

Desde la experiencia de unos hijos concebidos a imagen del creador, desde un sentimiento visceral de sorpresa amarga, nace precisamente la «gran historia de salvación» en la que todos estamos implicados. 
Dios sigue apostando por el hombre a través de su misericordia infinita demostrada, de forma desbordante, en su Hijo Jesucristo. Una misericordia, la Suya, que nos ha divinizado a nosotros, los hombres. Una misericordia, la de Dios, que pide misericordia.
El Padre nuestro que está en los cielos no puede evitar lanzar un vistazo a la tierra. Es como una madre que ha dejado por un rato solos a los hijos, y teme que hagan alguna trastada. Los contempla en silencio, mientras piensa para sí lo distintos que han salido esos hijos suyos, a pesar de que los hizo a su imagen y semejanza. Las entrañas le pegan un vuelco de tristeza. Él les había dado el gran don de la libertad, y ellos lo estaban empleando para alejarse él.
Tuvo que estremecerse de pesar por estos hijos caprichosos, que con sus ansias de tener, de poder, de manejarlo todo, de ser «dioses», iban dejando a su paso toda una legión de pobres que no tenían lo necesario para vivir, forzados a vagar y emigrar por la superficie de la tierra, una multitud de sufrientes y marginados...
Pero eran suyos, tiernamente suyos, llevaban su mismo aliento. Su amor por ellos era grande y fuerte, incondicional, incansable e inagotable, ¡visceral!... Y por eso se llenaba de una tristeza profunda que, curiosamente, será la que le empuje a salir continuamente a su encuentro, a darles mil y una ocasiones de volver a la casa de la fraternidad, a la mesa compartida, a la tierra de la paz. Ellos, sus hijos, ponían poco de su parte, pero Él no iba a dejar que ellos le dijeran cómo tenían que tratarnos. Este mundo será distinto sólo si los hombres pueden mirarse en un espejo que les devuelva su verdadera y olvidada 'imagen': la suya. Así estalló la «historia de la salvación», que es la historia de un amor no correspondido.
Como decía Juan Pablo II, los autores bíblicos fueron dándonos «una imagen trepidante de su amor que en contacto con el mal, y en particular con el pecado del hombre y del pueblo, se manifiesta como misericordia» (Dives ín Misericordia 52). Dios se empeñará en envolver con su compasión a todas sus criaturas (Sir 18,1-14).
Su misericordia se convirtió en elección, ligándose a un pueblo mediante una alianza de fidelidad, que hará de su amor un compromiso y casi una obligación. Un pacto unilateral por el cual cuidará siempre de sus hijos: ellos serán su pueblo y Él será su Dios. Así, quedará recogido en aquella fórmula del Éxodo 34,6-7: «El Señor, el Dios compasivo y clemente, paciente, misericordioso y fiel, que conserva hasta la milésima generación, que perdona culpas, delitos y pecados». Y sonará como un estribillo por toda la historia aquello de «...porque es eterna su misericordia» (Sal 107). Israel sabe que juega con esta ventaja y no duda en recurrir siempre a Dios para pedirle su perdón. Y Dios actúa siempre como un padre o madre que no busca más que el bien de su hijo 0r 3,19) o como un pastor que protege y ama a las ovejas de su rebaño (Ez 34,12-22).
Así podemos describir la misericordia de Dios como un sentimiento profundo, íntimo y amoroso ante la desgracia, que se traduce en compartir con el necesitado, ser condescendiente con el débil, compadecerse, estar disponible, perdonar, inclinarse hacia el miserable, servir... Es absolutamente gratuita, y sólo requiere de nosotros que la aceptemos y creamos en ella. Cualquiera que se ponga a la escucha de Dios, percibirá que Él se le acerca para ser misericordioso.
NOS VISITARÁ EL SOL QUE NACE DE LO ALTO
El desbordamiento divino de la misericordia tiene un nombre de persona: Jesucristo. En él se ha encarnado toda la misericordia (Tit 3,4-5), nos ha visitado un Sol que nace de lo alto para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte (Lc 1,78), de modo que podemos comprobar que «su misericordia continúa con sus fieles de generación en generación» (Lc 1,50). Si Dios ha sido capaz de hacer esto por el hombre a pesar incluso de nuestro pecado (¡y gracias a él!), nos está elevando a categoría divina. Como decían los Santos Padres de la Iglesia: se hizo hombre para que los hombres sean recreados, deificados. Tenemos desde entonces un sumo sacerdote en todo semejante a nosotros, para poder ser compasivo y acreditado ante Dios para poder expiar los pecados del pueblo (Hb 2,17).
Toda la vida de Jesús es un canto a la misericordia. Él mismo nos propone que seamos misericordiosos como nuestro Padre (Lc 6,36), y así seremos perfectos (Mt 5,48). Para que quede más claro, hace de la misericordia del Padre su programa, como él mismo lo proclama al entrar en la sinagoga de Nazaret (Lc 4,18-19).
La escuela rabínica había llegado a establecer que la misericordia había que ejercerla sólo con los de la propia raza o secta. Jesús, en cambio, propone al hereje samaritano como modelo del que cumple el mandamiento principal. Es que el amor y la misericordia consisten en compadecerse, sentir que el miserable caído al borde del camino espera que yo haga algo eficaz por él. Sea quien sea y sea como sea. Hasta el punto de que los salvados en el día del juicio serán sólo aquellos que nos han pasado de largo y se han tomado en serio el hambre, la sed, los sin techo, los desnudos, enfermos y encarcelados y han puesto su tiempo y sus bienes a disposición de todos estos «sus hermanos más pequeños». Ya dice St 2,13: «Si alguno tiene bienes en este mundo y ve a su hermano en la necesidad y le cierra sus 'entrañas' ¿cómo puede estar en él el amor de Dios?».
Las madres siempre encuentran mil razones para disculpar el mal comportamiento de su hijo. ¡Qué difícil se les hace juzgarlos! Por eso la misericordia se cuida de condenar inocentes (Mt 12,6). Es más: Jesús nos exigió no juzgar para no ser juzgados. La condena que hacemos del otro es equivalente a la nuestra. Y aún más: incluso el perdón de Dios está condicionado al perdón que nosotros repartamos, tal como rezamos en el Padrenuestro (Mt 6,12-15).

DICHOSOS LOS MISERICORDIOSOS
...Porque Dios tendrá misericordia de ellos. Esta proclamación de Jesús va contra ese principio tan bien asumido en nuestra sociedad: «Cada uno a lo suyo», complicarse la vida lo menos posible y pasar de largo ante los apaleados y abandonados al borde de los caminos (Lc 10,30ss). Éste es un modo de vivir cómodamente, pero no es el modo de ser feliz. Los cristianos nos hemos acercado al Señor, y por eso de nuestras entrañas tienen que brotar torrentes de agua viva (Jn 8,38), torrentes de fecundidad, de misericordia, de Espíritu de Jesús. La misericordia está lejos de ser un sentimiento bobo de lástima por los que lo pasan peor que nosotros. Tendremos misericordia si se nos revuelven las tripas cuando vemos que a un hermano le falta algo. Como decía Sto. Tomás: «Compartimos la miseria (miseria-cordis) de los demás en la medida en que la hacemos propia». Si la Iglesia (todos los creyentes) quiere ser Madre de la Misericordia, tiene que contemplar mucho a Dios y aprender a no juzgar y condenar, a tender más puentes, a vibrar y estremecerse como una madre al ver a sus hijos perdidos o sufrientes, y estar dispuesta a rebajarse, a encarnarse y hacer suyas todas las cruces de la tierra. Las «obras de misericordia» han de ser nuestro distintivo, mucho antes que las leyes, ritos, instituciones, grandes concentraciones o cargos influyentes...

Y digo que hay que contemplar mucho a Dios para experimentamos amados y acogidos por El, descubrirnos recibiendo todo de Él... y sólo así comprenderemos realmente lo que le falta al que no ama, al que no se sabe amado. No conseguiremos que nuestros hermanos entren en comunión con Dios, que su misericordia llegue a sus fieles de generación en generación, si no les hacemos entrar en comunión con nosotros, si no acogemos al mundo con cariño y le ayudamos a ser aquello para lo que Dios lo pensó. Todo lo demás tiene poca importancia, porque quien actuó con misericordia se parece tanto a Dios (Lc 6,36) que ni siquiera será juzgado. Porque la misericordia de Dios nos ha divinizado, nos ha hecho semejantes a Él. ¡Por eso somos dichosos!  
Enrique Martínez de la Lama 
(Publicado el 13 de Febrero del 2008 en http://www.ciudadredonda.org/)

Amazing Grace (2006) Michael Apted

miércoles, 14 de abril de 2010

A pesar de un estreno lamentable (por el escaso número de copias, la rapidez de su paso por cartelera y la oferta únicamente en versión original subtitulada), nos encontramos con una de las películas más importantes desde el punto de vista espiritual de este año. Este homenaje homenaje a William Wiberforce -un parlamentario de la Cámara de los Comunes, que dedicó, desde su juventud, su actividad política a la lucha contra la esclavitud y las injusticias sociales- se nos presenta con una magnífica puesta en escena y una serie de actuaciones excepcionales en la tradición del mejor cine británico. Marcada profundamente por la perspectiva social cristiana es una película imprescindible para conocer la fuerza ética del Evangelio y su herencia en nuestra cultura.
Prof. Peio Sánchez
Departamento de Cine
Arzobispado de Barcelona

(tomado de: "Las diez mejores películas del cine espiritual del 2009" en http://www.ciudadredonda.org/)

AMOR LÍQUIDO

jueves, 8 de abril de 2010

El amor o es para toda la vida o no es amor... 
El amor es ciego… 
El amor hace iguales… 

Estas son viejas afirmaciones de hondura. Pero parece que han pasado de moda. 
Resulta que el amor se ha vuelto líquido o incluso gaseoso. El amor es algo provisional, es aventura, es un sentimiento frágil. No es paciente. En nuestra sociedad desapasionada hasta el amor ha dejado de ser una  gran pasión. Romeo y Julieta son de otro tiempo. Y no digamos ya Aberlardo y Eloísa. Y el amor cortés. Y el amor gentil. Y el amor romántico.
Los guapos se enamoran de las guapas; los ricos de los ricas; las artistas de los artistas. Las que tienen dos carreras y dominan tres idiomas se casas con  los listos. La diversidad aparece como una amenaza y un peligro. Hay  que tener en cuenta las diferencias de edad, de cultura, de ideología política, de actitud vital. Resulta sospechoso que uno de 50 se  enamore de una de 30; y lo mismo que una de 20 se enamore de uno de 40. 
Te enamoras, convives, tal vez te casas, y, dentro de pocos años, te preguntas: ¿Cómo he podido hacerlo? ¿Qué habré visto en esta persona? ¿Cómo me atrajo y me sedujo si ahora lo que siento es indiferencia y rechazo?
 
El sentimiento más noble de la vida humana  se está trasformando también en nuestra sociedad. Da la impresión de que ha dejado de ser duradero. No resiste el desgaste de la convivencia ni las dentelladas del tiempo que acelera la vida. Pero sigue siendo verdad que al sentimiento del amor está vinculada la expectativa de felicidad: ¿También ésta se modifica? ¿Hemos perdido capacidad de amar, es decir, capacidad de aspirar   a ser auténticamente felices? ¿Se ha perdido la pasión del amor? ¿Ya no hay  grandes historias de amor, dramáticas, trágicas incluso? ¿Ya no hay historias de amor capaces de saltar los obstáculos, de traspasar las barreras culturales y sociales? Las historias de amor capaces de redimir a la  persona amada, ¿son solo argumento para novelas y películas?
Lejos de las apariencias, todos conocemos heroísmos de amor en la vida cotidiana. Tal vez son poco visibles. Pero están ahí. Se dan entre esposos. Abundan entre padres e hijos, y también hijos y padres. Muchas historias de amor: de amor pastoral, de amor solidario, de amor misionero, de amor místico. Y duran y duran en el tiempo.
 
Si es verdad que el éxito de una vida  consiste en la felicidad y esta reside en el amor, es sabio  responder con frecuencia a preguntas como éstas: ¿Cómo es mi potencial de amor? ¿Me enamoro simplemente de estar enamorado? ¿Me enamora el amor? ¿Me enamoran las personas concretas, las grandes causas, las artes y las letras?
¿Es mi historia de amor una historia potente? ¿He matado en mí la pasión del amor sea por miedo, por comodidad, por egoísmo, por la decepción de los amores vividos? 

Bonifacio Fernández, cmf
(Publicado el Martes 27 de Enero del 2009, http://www.ciudadredonda.org/)

GRAN TORINO (2008)__ de Clint Eastwood

martes, 30 de marzo de 2010

Clint Eastwood es uno de los grandes maestros que en los últimos años hemos señalado, y probablemente señalaremos, como una de las filmografías de más interés espiritual. 
En Gran Torino ha sabido contar una historia sencilla como una enorme fuerza dramática planteando temas espirituales de calado como el sentido del perdón, la redención como sacrificio o el camino de conversión. 
La experiencia con el público nos permite afirmar que es una película que llega profundamente a los jóvenes y a los adultos. Y desde el punto de vista cristiano no solamente presenta una imagen positiva de la Iglesia representada en el padre Janovich sino que también ofrece una poderosa imagen crística en las decisiones finales del protagonista.
Prof. Peio Sánchez
Departamento de Cine
Arzobispado de Barcelona

(tomado de: "Las diez mejores películas del cine espiritual del 2009" en http://www.ciudadredonda.org/)

NUEVO DECÁLOGO DE BENEDICTO XVI SOBRE LA PALABRA DE DIOS

miércoles, 24 de marzo de 2010

La Palabra de Dios, 
la roca sobre la que construir la vida.

El lunes 5 de octubre, al día siguiente de la apertura de la asamblea sinodal dedicada a la Palabra de Dios, y al hilo del salmo 118, el Papa Benedicto XVI trazó una hermosísima meditación sobre la Palabra de Dios. De ella subrayó su solidez, su estabilidad, su fuerza creadora y regeneradora, su actualidad, su perennidad y su capacidad transformadora.


1.- La Palabra de Dios es firme. La Palabra de Dios es, en efecto, está firme en los cielos, sobre ella –que siempre persiste- el Señor fijó la tierra. Cielo y tierra pasarán, pero la Palabra de Dios no pasará. Si la misma palabra humana, a pesar de su fragilidad y caducidad, da forma a los pensamientos y a los sentimientos y crea la historia y la realidad, ¿cuánto más la Palabra de Dios, fundamento de todo, verdadera realidad? Los hombres nos esforzamos en fundamentar y construir nuestra vida y nuestra realidad sobre bases endebles y caducas, sobre cosas visibles y tangibles, sobre el éxito, sobre la carrera, sobre el dinero. Y en ellas ponemos nuestro corazón y la clave de la felicidad.

2.- La Palabra de Dios es la verdadera realidad. “Aparentemente –señala certeramente el Papa- estas son las verdaderas realidades. Pero todo esto un día pasará. Lo vemos ahora en la caída de los grandes bancos: este dinero desaparece, no es nada. Y así todas estas cosas que parecen la realidad verdadera con la que contar, y que son realidades de segundo orden”. “Quien construye la vida sobre estas realidades –subrayaba proféticamente el Papa-, sobre la materia, sobre el éxito, sobre todo lo que parece ser, construye sobre arena. Solo la Palabra de Dios es el fundamento de toda la realidad, es estable como el cielo y más que el cielo, es la realidad”.

3.- La Palabra de Dios es la verdadera riqueza, el éxito verdadero. No es la crisis económica la mayor de las plagas y desdichas ni es el dinero ni el éxito quien aporta la felicidad y la sabiduría verdadera. Solo la Palabra es la fuente del amor y de la vida. Solo la Palabra transforma el corazón del hombre y la vida de la  entera humanidad

4.- La Palabra de Dios es creadora y regeneradora. La Palabra de Dios además es la fuente de la vida y del amor, está dotada vitalidad, de fuerza creadora y regeneradora. Todas las cosas, toda la realidad, vienen de la Palabra, son un producto de la Palabra. Todo es creado por la Palabra y todo está llamado a servir a la Palabra.

5. La Palabra de Dios es el lugar del encuentro entre Dios y el hombre. “Esto quiere decir  que toda la creación está pensada para crear el lugar del encuentro entre Dios y su criatura, un lugar donde el amor de la criatura responda al amor al amor divino, un  lugar donde se desarrolle la historia de amor entre Dios y su criatura”. “La historia de la salvación no es un pequeño acontecimiento, en un pobre planeta, en la inmensidad del universo. No es una cosa mínima, que sucede por casualidad en un planeta perdido. Es el móvil de todo, el motivo de la creación: el encuentro de amor entre Dios y el hombre”.

6.- La Palabra de Dios es el hallazgo definitivo. Por todo ello, la actitud de la criatura, la actitud del hombre es buscar la Palabra de Dios, que no es solamente un fenómeno literario, no es solo la lectura de un texto. Es el movimiento de mi existencia. Es moverse hacia la Palabra de Dios en las palabras humanas. Solo conformándonos al misterio de Dios, al Señor que es la Palabra, podemos entrar dentro de la Palabra de Dios. Debemos ser, pues, pacientes, perseverantes, humildes y apasionados buscadores y lectores con el corazón de la Palabra de Dios.

7.- La Palabra de Dios es perenne, es universal. No conoce confines. Entrando en la Palabra de Dios, entramos realmente en el universo divino, en el universo de la Verdad, de la Belleza, de la Vida, del Amor. Entrando en la comunión con la Palabra de Dios, entramos en la comunión de la Iglesia que vive de la Palabra de Dios y nos hace salir de nuestros límites de lengua, de raza, de cultura, de miras.

8.- La Palabra de Dios es el anuncio de Evangelio. “Por eso también la Evangelización –subraya el Papa-, el anuncio del Evangelio, la misión, no son una especie de colonialismo eclesial, con que queremos meter a otros en nuestro grupo. Es salir de los límites de las culturas individuales a la universalidad que nos comunica a todos, que nos une a todos y nos hace a todos hermanos”.

9.- La Palabra de Dios es la escalera para llegar al amor de Jesucristo. La Palabra de Dios es como una escalera por la que podemos subir y bajar, con Cristo, a la profundidad de su amor. La Palabra tiene un rostro, es persona, es Jesucristo. Y antes de que nosotros podamos decir “Yo soy tuyo, Señor”, El ya nos ha dicho “Yo soy tuyo”. Y vivir esta doble realidad es estar en el corazón de la Palabra. Es estar salvados.

10.- La Palabra de Dios es la Palabra de la Vida para siempre y para todos. “Tu Palabra, Señor, me da vida. Confío en Ti, Señor. Tu Palabra es eterna. En ella esperaré”.  
JESÚS DE LAS HERAS MUELA - DIRECTOR DE ECCLESIA
(tomado de : Ecclesia Digital)

MESA Y SOFA

viernes, 19 de marzo de 2010

Mucho se analiza y se escribe sobre la situación actual de la familia en el mundo occidental. Contamos con distintos modelos de vida familiar. Son el resultado de cambios históricos significativos. Los análisis sociológicos nos informan con bastante claridad y precisión sobre el origen, alcance, influjo de los cambios socio-culturales. Vivimos distintos modelos de familia: extensa, nuclear, monoparental etc. Son modelos que coexisten entre nosotros. Esta evolución se refiere sobre todo a la estructura. Pero hay otros aspectos concomitantes.
Tal vez una buena forma de expresar el cambio que se ha producido  sea  simbolizarlo en la mesa camilla y en el sofá. Hemos pasado de una familia con forma de mesa camilla a una familia con forma de sofá alargado frente a una gran pantalla.
La mesa camilla es redonda. En torno a ellos los miembros de la familia se ven las caras, se miran, se comunican. La mesa camilla los reúne para  las comidas para hacer los deberes, para hablar, para colaborar.
El sofá alargado y hundido coloca a los miembros de la familia mirando todos en una dirección. El centro está en la gran pantalla de la televisión.  No se miran ni se escuchan unos a otros. Guardan silencio ante  el aparato mágico que entretiene, informa, emociona, aburre. Pero todo ello de forma individual. Y en paralelo. Cada persona individualmente se deja afectar por las informaciones, los ejemplos e historias que se proyectan.
El mando de la  tele se convierte en el codiciado objeto de deseo para todos. Es un símbolo de poder y de dominio. Por ello provoca conflictos entre los miembros de la familia. Para solucionarlos se multiplican los aparatos de televisión en vivienda: cada persona  se asigna uno. Y además las pantallas de los ordenadores ponen en contacto con las imágenes y las historias de medio mundo. El menú es muy variado.
Frente a esta prevalencia de lo individual es preciso reafirmar los espacios y tiempos de la  mesa camilla. La pertenencia familiar es tanto más fuerte cuanto más profunda es la comunicación. Los matrimonios empeñados en crear familia tienen especial empeño en cuidar los espacios y los tiempos de comunicación. Saben que la familia es, sobre todo, un espacio afectivo insustituible. Y también delicado. Por eso sufren tanto cuando el hogar familiar se convierte en una especie de pensión.
Un matrimonio que se comunica y reúne a su familia en torno a la mesa camilla es una buena noticia para esta sociedad, que tanto sufre de incomunicación. 
Bonifacio Fernandez, cmf
(Publicado el 26 de Octubre del 2009 en : http://www.ciudadredonda.org/) 

 
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